POLLO PA’POBRES Y VAGOS

 

Érase que se era, una nevera cuasi vacía, una mujer desganada en un día vago y un fin de mes con la cuenta bancaria muy triste. Pero había que hacer algo de comer para dos personas.

 

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La mujer desganada abrió el frigo y vió 1 paquetillo con 6 muslos de pollo, 2 calabacines  medio mustios y 2 zanahorias idem. Lo sacó todo y lo miró pensativa. Se dirigió a la despensa y vió un bote de tomate al natural.

Encendió el horno a 180º.

Con desgana, mucha desgana, (no olvidemos que estaba en un día vago y desganá) puso los muslos de pollo en una fuente de horno, lavó y troceó los calabacines, raspó las zanahorias  igualmente las troceó y puso la verdura en la fuente del horno. Se quedó mirando pensativa, abrió el bote de tomate, lo distribuyó por la fuente, le puso unas pizquitas de azúcar y, en un acto de valentía, desenvolvió una pastilla de caldo de pollo que desmenuzó por encima de todo.

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Cuando el horno pitó y dijo que ya estaba a 180º, metió la fuente en el horno, bajó la temperatura a 150º, cubrió la bandeja con un papel albal y pusó el reloj temporizador a 45 minutos.

Y se tiró al sofá a ver cualquier cosa porque, como ya he dicho, el dia era vago y ella estaba desganada.

Y cuando el reloj chilló que ya habían pasado los 45 minutos, se levantó desganada, abrió el horno y ¡oh sorpresa!, se encontró con el zapatito de cenicienta:

 

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Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

NB: el plato, buenísimo y, aunque no sobró nada, admite congelación. Para más comensales aumentar la proporción en la misma cantidad que para dos.